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La Esquina de los Viejos Tiempos

Un lugar para escribir de vainas que pasan porque sí y que tal vez olvidaremos o tal vez no.

jueves, noviembre 17, 2005

Las armas ¿Protegen o Amenazan?

Todo ser viviente tiene el instinto de preservación. En ello, la naturaleza les ha dotado de los mecanismos necesarios para que sobrevivan en esa carrera demoniaca por la subsistencia que día a día cobra duramente a los perdedores. Basta dar un vistazo a Animal Planet o ver uno que otro documental de Discovery Channel para ver que esta lucha es, de hecho, encarnizada y a veces no tan ajena al género humano.

Y es el ser humano, la privilegiada cúspide de la cadena alimenticia, el llamado a liderar los niveles de preservación. Tomando en cuenta que adicionalmente es el único poseedor de un raro talento que le fue otorgado de manera casi caprichosa: el raciocinio. Sin embargo, la humanidad se ha empecinado en contradecir toda lógica aristotélica y ha viene fallando repetidamente en su intento por preservar la armonía de su sociedad.

Y uno de esos intentos fallidos es, a mi humilde parecer, el uso de las armas. Originalmente creadas para defenderse de los animales que amenazaban su existencia y a la vez para proveerle de un método eficaz de derrotar a las víctimas de su hambre (o tal vez eso ocurrió en distintos momentos; eso no viene al caso). Ahora el debate se puede centrar en si las armas han llevado al hombre a vivir en temor o si es este temor el que ha llevado a la proliferación de las armas. Y no hablo del armamento bélico de las naciones, ese que tiene tu país para defenderse de las amenazas externas o internas (o para atacar a aquellos países que no fueron lo suficientemente inteligentes como para delimitar sus fronteras en el pasado). Hablo de las "armas del hogar". Aquellas que están allí, como seguro contra robos, ante la eventualidad de una intrusión delincuencial.

Entonces, ¿las armas son protectoras efectivas? Hasta el día de hoy no conduzco. Es una mezcla de no tener tiempo y ser holgazán la que me ha impedido sacar el brevete y salir a ufanarme de "andar" en auto. Pero recuerdo que cuando era más joven, y cuando manejar un carro sí era un verdadero separador de estatus, pensé "apenas consiga salir en mi carro, necesitaré de una pistola para protegerme." Tal vez yo sea uno de los muchos desequilibrados que viven en Lima (porque créanme, donde menos creen, sí los hay y a montones), pero ¿a quién no le ha pasado por la cabeza algo parecido luego de ver tanto noticiario, escuchar lo que le sucedió a una amigo o incluso verlo con sus propios ojos? (por cierto, siempre pensé que eso de "vélo con tus propios ojos" es una tontería; no puedes verlo con los ojos de otros, ¿o sí?) Tal vez las armas son la mejor respuesta al sentimiento de inseguridad que nos corroe cada vez que salimos a la calle. Diablos, ¡un arma sí que te da poder!

Hace algunos meses leí un libro de Michael Moore (sí, el de Farenheit 9/11. También escribe, no sólo hace películas) titulado "Stupid White Men", gran título por cierto. Y al leer una parte del mismo también recordé su documental "Bowling for Columbine", donde toca el tema de las armas en los Estados Unidos. El libro menciona cosas muy interesantes en el tema de armas, aunque lo trata tangencialmente. Para Moore, el tema de la seguridad del hogar a través de un arma en casa es un mito, y para reforzar su punto, menciona las siguientes estadísticas:

  • Es 22 veces más probable que un miembro de tu familia fallezca de un disparo si tienes una pistola en casa que si no la tuvieras.
  • Menos de 1 de 4 crímenes violentos son cometidos mientras la víctima está en casa.
  • De las veces que se realizan disparos durante un allanamiento de morada con el dueño en casa, sólo el 2% las armas son usadas para disparar al intruso. (El otro 98% de ellas los residentes disparan accidentalmente a un ser querido o a ellos mismos; o lo que es peor, el ladrón toma el arma y los victimiza con ellas).
  • Cada año, 500,000 de esas armas compradas para la protección del hogar son robadas. Y lo más probable es que terminen en las manos de aquellos de quienes buscamos defendernos.

El mes pasado, en Brasil, el presidente Lula da Silva sufrió un sorpresivo revés en el tema de la erradicación de armas de los hogares brasileños. En un país donde anualmente 36,000 personas son asesinadas por armas de fuego, casi los 2/3 de la población le dijeron sí a la venta de armas. Algunos sociólogos planteaba que en ese caso, los brasileños entendían que armarse en privado es negativo, pero sin embargo desarmarse y depender de un gobierno en el que no confían, puede ser peor.

Para mí, es evidente que un mundo más seguro es aquel donde las armas sólo las poseen aquellas personas capacitadas (técnica y moralmente) para su uso. Lamentablemente en el tema del desarme, se genera un problema que en economía se le denomina "el dilema del prisionero." Existe esta situación colectiva ideal, donde el común de los civiles no posee ningún arma y nadie sale herido o muere por el uso de ellas. Pero dado que unos no saben qué harán los otros (si entregarán las armas o al menos, se las quitarán), optan por una situación no óptima que asegura por lo menos no salir tan mal parados; es decir, tener armas.

O tal vez yo esté equivocado y el ser humano ha minado sus conceptos básicos de convivencia y desea por todos los medios hacerle frente en rebeldía a la naturaleza. Tal vez estamos destinados a seguir atacándonos unos a otros bajo cualquier pretexto y en el trayecto ir creando nuevas formas, más elaboradas, para alcanzar ese objetivo.

Me cuentan,

Jimmy

viernes, julio 29, 2005

184 años después

Los peruanos tenemos una forma muy particular de celebrar nuestras fiestas patrias. El mes de julio es, de por sí, un mes eminentemente patriótico. Hace falta simplemente dar un paso a la calle para verse vapuleado por multidud de banderas, escarapelas y cuanto objeto rojiblanco se pueda uno imaginar. Y creo yo que habiendo ya institucionalizado hasta los huesos nuestros colores, debe ser hora de repensar nuestra peruanidad.

Y es que nuestra historia está rellena de idas y venidas, enlaces y desenlaces y todo tipo de pateadas de tablero. Imagínense, ya eramos libres e independientes tres años antes de haber expulsado a los españoles. Fuimos al rescate de un aliado el cual apenas se vio vencido, se escondió y nos dejó solos con el pleito. Cantamos un himno nacional con una estrofa apócrifa y que trata de sumisión y libertad del exterior. Nos hicimos ricos exportando guano. Fuimos gobernados 11 años por un presidente extranjero. Tenemos una primera dama extranjera que insultó a los que le pagan la comida diciéndoles "limeñitos". Un lugar donde se puede matar a golpes al alcalde y no existe forma de evitarlo. No iremos a un mundial en al menos 27 años, siendo un país que come, sueña y respira fútbol. Nos regocijamos en nuestros héroes fallecidos, pero si le pusiésemos el mismo ímpetu en forjar heroes vivientes, otra sería nuestra historia.

Porque, de hecho, momentos de gloria hemos tenido; y varios. El Huascar y Grau, quien se ganó el título de Caballeros de los Mares. Tacna y su reincorporación como Ciudad Heróica. Las 2 veces que hemos sido campeones sudamericanos. Y si nos remontamos al pasado, al tiempo de los Incas, no hay más que dar un vistazo al Machu Picchu para quedarse sin aliento y sentir que alguna vez fuimos grandes.

Pepi Patrón escribió un artículo en el Dominical pasado (léanlo, está buenazo) en el que proponía un cambio para la celebración de nuestra fiesta nacional. Es decir, ya basta de parada militares como imagen máxima de ella. Y razón tiene al proponer que dichas forman exaltan los valores militares que no tienen que ser los valores nacionales primordiales. Personalmente, prefiero el Corso de Wong. Además, me imagino que el país vecino se debe mofar de los tanquecitos que tan majestuosamente presentamos y que está años atrás de su tecnología.

Hace falta un sentimiento de lo colectivo, de lo nuestro. Porque es facil poner la banderita en el carro o ponerse la camiseta de "Te amo Perú" cuando las cosas van bien y cuando hay ánimo de fiestas patrias. Pero el día a día, el esfuerzo diario, debe reflejar el anhelo de que luchamos todos por el mismo objetivo; la grandeza del Perú. Y qué mejor manera de iniciar una mentalidad de país a través de inculcar valores tan gastados, como la democracia, el respeto a los demás a través de las leyes, la honestidad y la transparencia.

Y es que los que escuchamos ayer, entre dormitados y aburridos, un mensaje de dos horas y cuarto sobre el progreso económico del país, no escuchamos un plan coherente a largo plazo de generar desarrollo de conciencia o de mentalidad. Porque más dinero no es igual a mejores ciudadanos. En un país tan desigual como el Perú es, simplemente, igual a mayor botín para los que roban, raptan y piden coimas.

Bueno, creo que fueron muchas ideas sueltas. Y ahora que recuerdo, ayer al ir al cine tocaron el Himno Nacional antes de la función. Me voy a ver "Mediodía Criollo".

Jimmy

P.D.: El 27 de Julio la Organización Mundial de Propiedad Intelectual reconoció a Perú como la denominación de origen del Pisco. Empecemos a cuidar lo nuestro. Felices Fiestas.

miércoles, julio 20, 2005

El dolor del primerizo

 

Holas,

La verdad que no sé. Yo siempre le he tenido tirria a las tonterías del hi5, zebbo, smc, bebbo o como se llamen. Tengo en mi inbox miles de esas invitaciones sin leer y muchas otras en la papelera ... Pero el último sábado, entre champaña y pisco sours, Rita e Isabella me convencieron de unirme a esta escalofriante manada de individuos que de una u otra manera se regocija en escribir, leer y que otros lean lo que han escrito. Bueno, el morbo sí da para tanto. Así que muchachas, si llego a ganar un Pullitzer de papel crepé a causa de su impulso, ya están mentadas. ¡Lo que uno se decide a hacer entre copas!

Bueno pues, aunque mis facultades de redacción y mi espíritu creativo han sufrido significativas amputaciones, trataré de escribir algo decente para calmar su saciedad de leer. Si no lo leen mejor, me libran de un gran aprieto.

¿Cuál fue mi mejor primera vez? Sí, ya sé lo que todos están pensando pero no, no voy a elegir esa. Por el momento. Me acuerdo que una vez era un hijito de mamá que jamás se había aventurado a salir solo a ninguna parte. Pues bien, un día muy contento agarré mis maletas y me fui a 14 horas de vuelo lejos de casa, a un lugar de donde no conocía el idioma y a vivir en una residencia de la cual no tenía la dirección y no sabía cómo llegar. Recontra preparado ¿no? Créanlo o no, no fue tan difícil como lo imaginan. Lo más difícil fue arrastar mi maleta tamaño familiar de 35 kilos mas mi mochila y maletín de manos repletos. Creo que pesaban más que yo. Ah, y el frío. Un -3 no es tan amigable que digamos, y la nieve es bonita pero en la televisión, si no estás acostumbrado.

Pero lo que más te sicosea es el hecho de ser peruano. Sí, nuestra nacionalidad y costumbres, que tanto veneramos y de las que nos enorgullecemos, nos juega una mala pasada. Esa miradita a "yara, que este won viene del Frontón del mundo" la he visto ya varias veces. Y lo peor de todo es que uno, bien limeñito, se las sabe todas y vive "friqueado" (¿así se escribirá?) de todo. Piensa que todo el que se le acerca cuando tiene cosas le quiere robar, que toda calle oscura es sinónimo de problemas o que los taraditos del asiento de atrás van a bajarse en tu parada para asaltarte. Por favor, díganme que alguna vez se han sentido así fuera del país, porque si no, me voy a una terapia intensiva de hipnosis y yo solito me pongo el chaleco. Es decir, a un peruano le cuesta confiar en la gente, a menos que la conozca.

Ahora me da risa comprobar que estando en Europa seis meses jamás tuve que comprobar si un billete era verdadero o no, además de porque no sabía, porque no había necesidad. Cuando mi viejo me preguntó aquí si sabía distinguir los euros falsos, mi respuesta tajante fue: "no aceptes euros, papá." Cuestión de raza, señores.

Bueno, creo que ya escribí suficiente y he puesto mi granito de arena para su ocio de la mañana (¿o me van a decir que lo primero que hacen al llegar a la chamba es chambear?) y pues espero que alguno al leer diga "sí, yo también", para sentirme un poquito más humano de lo que no soy.

Saludos

Jimmy