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La Esquina de los Viejos Tiempos

Un lugar para escribir de vainas que pasan porque sí y que tal vez olvidaremos o tal vez no.

viernes, julio 29, 2005

184 años después

Los peruanos tenemos una forma muy particular de celebrar nuestras fiestas patrias. El mes de julio es, de por sí, un mes eminentemente patriótico. Hace falta simplemente dar un paso a la calle para verse vapuleado por multidud de banderas, escarapelas y cuanto objeto rojiblanco se pueda uno imaginar. Y creo yo que habiendo ya institucionalizado hasta los huesos nuestros colores, debe ser hora de repensar nuestra peruanidad.

Y es que nuestra historia está rellena de idas y venidas, enlaces y desenlaces y todo tipo de pateadas de tablero. Imagínense, ya eramos libres e independientes tres años antes de haber expulsado a los españoles. Fuimos al rescate de un aliado el cual apenas se vio vencido, se escondió y nos dejó solos con el pleito. Cantamos un himno nacional con una estrofa apócrifa y que trata de sumisión y libertad del exterior. Nos hicimos ricos exportando guano. Fuimos gobernados 11 años por un presidente extranjero. Tenemos una primera dama extranjera que insultó a los que le pagan la comida diciéndoles "limeñitos". Un lugar donde se puede matar a golpes al alcalde y no existe forma de evitarlo. No iremos a un mundial en al menos 27 años, siendo un país que come, sueña y respira fútbol. Nos regocijamos en nuestros héroes fallecidos, pero si le pusiésemos el mismo ímpetu en forjar heroes vivientes, otra sería nuestra historia.

Porque, de hecho, momentos de gloria hemos tenido; y varios. El Huascar y Grau, quien se ganó el título de Caballeros de los Mares. Tacna y su reincorporación como Ciudad Heróica. Las 2 veces que hemos sido campeones sudamericanos. Y si nos remontamos al pasado, al tiempo de los Incas, no hay más que dar un vistazo al Machu Picchu para quedarse sin aliento y sentir que alguna vez fuimos grandes.

Pepi Patrón escribió un artículo en el Dominical pasado (léanlo, está buenazo) en el que proponía un cambio para la celebración de nuestra fiesta nacional. Es decir, ya basta de parada militares como imagen máxima de ella. Y razón tiene al proponer que dichas forman exaltan los valores militares que no tienen que ser los valores nacionales primordiales. Personalmente, prefiero el Corso de Wong. Además, me imagino que el país vecino se debe mofar de los tanquecitos que tan majestuosamente presentamos y que está años atrás de su tecnología.

Hace falta un sentimiento de lo colectivo, de lo nuestro. Porque es facil poner la banderita en el carro o ponerse la camiseta de "Te amo Perú" cuando las cosas van bien y cuando hay ánimo de fiestas patrias. Pero el día a día, el esfuerzo diario, debe reflejar el anhelo de que luchamos todos por el mismo objetivo; la grandeza del Perú. Y qué mejor manera de iniciar una mentalidad de país a través de inculcar valores tan gastados, como la democracia, el respeto a los demás a través de las leyes, la honestidad y la transparencia.

Y es que los que escuchamos ayer, entre dormitados y aburridos, un mensaje de dos horas y cuarto sobre el progreso económico del país, no escuchamos un plan coherente a largo plazo de generar desarrollo de conciencia o de mentalidad. Porque más dinero no es igual a mejores ciudadanos. En un país tan desigual como el Perú es, simplemente, igual a mayor botín para los que roban, raptan y piden coimas.

Bueno, creo que fueron muchas ideas sueltas. Y ahora que recuerdo, ayer al ir al cine tocaron el Himno Nacional antes de la función. Me voy a ver "Mediodía Criollo".

Jimmy

P.D.: El 27 de Julio la Organización Mundial de Propiedad Intelectual reconoció a Perú como la denominación de origen del Pisco. Empecemos a cuidar lo nuestro. Felices Fiestas.

miércoles, julio 20, 2005

El dolor del primerizo

 

Holas,

La verdad que no sé. Yo siempre le he tenido tirria a las tonterías del hi5, zebbo, smc, bebbo o como se llamen. Tengo en mi inbox miles de esas invitaciones sin leer y muchas otras en la papelera ... Pero el último sábado, entre champaña y pisco sours, Rita e Isabella me convencieron de unirme a esta escalofriante manada de individuos que de una u otra manera se regocija en escribir, leer y que otros lean lo que han escrito. Bueno, el morbo sí da para tanto. Así que muchachas, si llego a ganar un Pullitzer de papel crepé a causa de su impulso, ya están mentadas. ¡Lo que uno se decide a hacer entre copas!

Bueno pues, aunque mis facultades de redacción y mi espíritu creativo han sufrido significativas amputaciones, trataré de escribir algo decente para calmar su saciedad de leer. Si no lo leen mejor, me libran de un gran aprieto.

¿Cuál fue mi mejor primera vez? Sí, ya sé lo que todos están pensando pero no, no voy a elegir esa. Por el momento. Me acuerdo que una vez era un hijito de mamá que jamás se había aventurado a salir solo a ninguna parte. Pues bien, un día muy contento agarré mis maletas y me fui a 14 horas de vuelo lejos de casa, a un lugar de donde no conocía el idioma y a vivir en una residencia de la cual no tenía la dirección y no sabía cómo llegar. Recontra preparado ¿no? Créanlo o no, no fue tan difícil como lo imaginan. Lo más difícil fue arrastar mi maleta tamaño familiar de 35 kilos mas mi mochila y maletín de manos repletos. Creo que pesaban más que yo. Ah, y el frío. Un -3 no es tan amigable que digamos, y la nieve es bonita pero en la televisión, si no estás acostumbrado.

Pero lo que más te sicosea es el hecho de ser peruano. Sí, nuestra nacionalidad y costumbres, que tanto veneramos y de las que nos enorgullecemos, nos juega una mala pasada. Esa miradita a "yara, que este won viene del Frontón del mundo" la he visto ya varias veces. Y lo peor de todo es que uno, bien limeñito, se las sabe todas y vive "friqueado" (¿así se escribirá?) de todo. Piensa que todo el que se le acerca cuando tiene cosas le quiere robar, que toda calle oscura es sinónimo de problemas o que los taraditos del asiento de atrás van a bajarse en tu parada para asaltarte. Por favor, díganme que alguna vez se han sentido así fuera del país, porque si no, me voy a una terapia intensiva de hipnosis y yo solito me pongo el chaleco. Es decir, a un peruano le cuesta confiar en la gente, a menos que la conozca.

Ahora me da risa comprobar que estando en Europa seis meses jamás tuve que comprobar si un billete era verdadero o no, además de porque no sabía, porque no había necesidad. Cuando mi viejo me preguntó aquí si sabía distinguir los euros falsos, mi respuesta tajante fue: "no aceptes euros, papá." Cuestión de raza, señores.

Bueno, creo que ya escribí suficiente y he puesto mi granito de arena para su ocio de la mañana (¿o me van a decir que lo primero que hacen al llegar a la chamba es chambear?) y pues espero que alguno al leer diga "sí, yo también", para sentirme un poquito más humano de lo que no soy.

Saludos

Jimmy